Quiero dejar constancia de que el hecho de que ustedes, fucking rumanos, culpables de haber took my baby away, estén a 30º paseando su soleada felicidad mientras yo me congelo en una caja de cerillas me parece una aberración. En 13 días nos veremos las caras… ja!
Mowgli
(L) für mein Exilierte ^^
Hoy, queridas, hace -2º en Bucarest, hay un sol de la leche, pero esa es la triste realidad, -2º. Estas semanas no he publicado nada debido a que, aunque tenía tiempo, no me ha salido de la hueverea bolsa escrotal. Pero todo esto ha repercutido en que la calidad de estenegroestamuyvivo sea incluso peor.
Pues sí, llevo un mes, con sus noches y dias y ovnis aquí perdio. Este tiempo ha servido para unas pocas cositas, salir, beber, hacer algo de ejercicio, conocer gente, y sobretodo, lo más importante, darme cuenta de que la vida de Erasmus es la polla con cebolla. Al menos aqui, donde no tengo ni que ir a clase, y con enviar proyectos al final del semestre me calificarán ( se sobre entiende que al alza).
Y también me he dado cuenta de que puedo vivir solo a lo marrullero, y no morir en el intento, aunque tenga que sobrevivir a base de pizza, pasta, y arroz…

Buna seara! En este post os voy a relatar nuestro asombroso viaje al pueblo de Ploiesti, al norte de Bucarest.
El viaje comenzó como cualquier otro, un grupo de amigos que se reúnen en frente de la mal lograda residencia de Grosavesti con sus guías rumanos, George y Claudia.

(George es el tipejo que no es Olivitas)
Tras ver el geto de aquellos que deberían ser mis compañeros de viaje, decidimos quién iba en coche y quién tendría que ir en autobus. “Afortunadamente” a 3 de nosotros, entre los que me encuentro, nos tocó ir en coche. Bien, para el que no conozca los hábitos de conducir de los rumanos, sólo decir que el GTA parece más seguro. Para empezar, el coche, un Dacia 1330 que, ni siquiera tenía cinturones de seguridad, sería nuestro vehículo, y orgullo de George, que ni siquiera tiene carnet. En segundo lugar sabed que el límite de velocidad en Rumanía, por lo contado por George, es de 70 km/h, nosotros íbamos a 140-150km/h, y que hay carros, si, carros tirados por caballos con familias gitanas encima, pululando por las carreteras. A todo esto sumarle la conocida educación de los conductores rumanos y tendréis una experiencia similar a la nuestra, acojonante.

Una vez en el pueblecillo, tras el reencuentro con el resto tras una hora eterna a altas velocidades, comenzamos a comer y beber. Lo que más llamo la atención del personal fue un pequeño artilugio del demonio, destinado a entretener a gente culta y madura como un buen estudiante de Erasmus.
Si, ese pequeño delfín fue la delicia de las comidas, hasta que el canario se lo cargó, puede que ya estuviera roto de antes, pero alguien tiene que cargar con la culpa. La comida fue copiosa y la bebida más. Tras un breve paseo por las montañas volvimos al hogar, a comer y beber mucho más si cabe. Y tras la cena, una barbacoa hecha con cerveza, empezamos a entoñarnos y a sonsacar informacion a Claudia a cerca de George. Cuando nos cansamos fuimos a dormir, y tras una sesión de “jungla de cristal” conciliamos el sueño.
Al día siguiente más de lo mismo, solo que vimos la casa de uno de los personajes más célebres de Rumanía, Nicolae Iorga, un hijo puta de cuidado, según la wiki.
Ala, a tomar por culo, ya no escribo más hoy.

Pues si hermanos del metal, he cumplido la friolera de 1/5 de siglo en tierras dacias. Un cumpleaños lleno de sorpresas y cosas que no me esperaría jamás, así como de momentos surrealistas.
El día empezó como cualquier otro, me dirigí a la universidad a arreglar unos papeles (bendita burocracia). Allí mi frustración alcanzó cotas insospechadas al descubrir que la coordinadora se había olvidado de Olivitas y de mi, pero me permitió conocer una rumana, muy maja ella, que me dio el teléfono de mi coordinadora. A las 4 volví a intentar la gesta, con erótico resultado esta vez, y tras ello volví a mi hogar, donde me esperaba la primera sorpresa. Se habían acordado de mi día especial y un bonito, y pequeño, gorro soviético me esperaba. Ilusionado, fuimos a por el bebercio, y al rato empezaron a llegar amigos y desconocidos.
Hay que admirar el ingenio de conocidos y desconocidos a la hora de dar la enhorabuena a un tipejo como yo, desconocido para muchos, en una postal de una vaca. Y lo bonito y universal que es el “felicidades”. El momento estrella de la velada puede decirse que fue el “Cumpleaños Feliz” en rumano, una buena mezcla de himno comunista con una letra jodidamente cursi.
Finalmente fuimos unos pocos, los de la foto, a tomar algo al “Dictator” bonito bar, recomendado a todos aquellos que visiten Bucuresti por sus fotos de dictadores, la música de pachangueo y la cerveza barata. Allí, a parte de beber, descubrimos lo fácil que es arrimar cebolleta con la prometida de tu mejor amigo rumano, perdones a Mowgli, y lo lanzadas que son las mujeres aquí. También aprendimos que aunque un taxista sea majo, te tima.
Buenas noches Boston.
A un par de días de ser un poco más veterano en Bucarest me veo obligado a hacer recuento de las cosas, raras o no, que me han pasado durante esta primera semana. Quien piense que la burocracia en España está mal es porque no ha conocido la burocracia rumana, hasta en la embajada son un poco gilipollas, pero a parte de estos inconvenientes y las piradas de pinza de la Capel (zorra) la primera semana ha estado genial. Mi horario de clases, a parte de ser cojonudo por las asignaturas, me permite tener los viernes y martes totalmente libres para rascarme las pelotas. Esto de no estar en Bolonia se nota, y mucho.
Salir hemos descubierto que es un chollo, los españoles triunfamos, y encima es barato. Siempre te puedes quejar de algún botellazo, pero en general mola muchísimo y hay un ambiente estupendo.
El transporte es un poco mierda, pero regatear con los taxistas es demasiado fácil, y colarse en los autobuses también.
Saludines! (A)
Hoy, tras penas, penes y despedidas, he llegado a Bucarest. Lo primero que me he encontrado es un aeropuerto, Baneasa, que parece sacado de una pilicula de Jaime Bond, con una cola interminable para pasar el control de pasaportes, y una jauría de taxistas que, al grito de “taxi to the center”, se te abalanzan encima con tal de darte la vuelta turística oficial de la ciudad y hacer su agosto. En general las cosas están en un estado decente, roña por algunos lados y un par de matojos que salen del asfalto, pero no está mal cuidado. Todavía no he podio ir a la universidad, porque a mi maravilloso casero se le ha olvidado darme las llaves del portal, así que me hallo incomunicado. Mañana empezaré a moverme por el centro y esas cosas, de momento hoy toca supervivencia xtreme.
Y esto es lo que hago a un par de días de irme para las tierras del este. Ventajas: no hay alcohol de por medio. Desventajas: en rumano seguro que suena mucho peor.
Hace ya unos días que los compré pero, a parte de saberlo mis amigos, no lo sabía nadie más. Y entonces me pregunté… ¿qué mejor sitio para contarlo que este? Estreno mi “blog”, intentando hacer que este tumblr parezca serio, con esta entrada. Si más preámbulos: botijo, salchichón, tren, rueda griega.